Interludio. Qué transmite en realidad un cable MIDI
térmicaSi se corta un cable MIDI por la mitad mientras por él se toca una sonata y se escucha a escondidas lo que corre por adentro, no se va a encontrar ninguna sonata. Cuando un pianista aprieta el do central en un sintetizador, al cable salen tres números. El primero significa «nota encendida, canal uno». El segundo, sesenta, es el número de la tecla: los ingenieros numeraron todas las teclas seguidas, y al do central le tocó el número sesenta. El tercero, digamos cien, es la fuerza del golpe en una escala de cero a ciento veintisiete. Cuando el pianista suelta la tecla, al cable salen otros tres números. Nada más. Cualquier interpretación, del estudio de un chico a un Rajmáninov virtuoso, en un cable MIDI se ve como una larga fila de ternas de números con marcas de tiempo.
Los números corren por el cable de a un bit, treinta y un mil doscientos cincuenta bits por segundo, y a cada número, contando los bits de servicio, le tocan diez. Una pulsación de tecla, tres números, ocupa en el cable casi exactamente un milisegundo. Para una nota, es un instante. Para un acorde, ya no: si el pianista toca un acorde de diez notas, el cable las transmite por turno, una detrás de otra, y la última nota llega unos siete milisegundos después de la primera, incluso con un truco que permite no repetir el primer número para cada nota siguiente. En sentido estricto, un acorde por MIDI nunca suena simultáneo: siempre se despliega un poco en el tiempo, como un arpegio muy rápido. Al oído, una decena de milisegundos casi no se nota, pero cuando por un mismo cable van varias partes densas a la vez, los retrasos se suman, por eso las partes pesadas se repartían en cables distintos.
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