El estudio que se mudó a la computadora
térmicaEn abril de 1966, en el estudio de EMI en Abbey Road, en Londres, los Beatles grababan «Tomorrow Never Knows», y por un día el edificio se convirtió en un instrumento musical. Cada uno de los cuatro había hecho en casa bucles de cinta magnética: pedazos de seis segundos cerrados en anillo, en los que sonaban guitarras aceleradas, risas, unos retazos orquestales. En total se juntaron unos treinta bucles, y el productor George Martin eligió dieciséis. Los magnetófonos con los bucles se repartieron por distintas salas del estudio, y junto a cada uno había un técnico que sostenía un lápiz dentro del anillo para que la cinta no colgara. El sonido de todas las máquinas se llevaba a una sola consola, y los ingenieros, a lo largo de la canción, metían y sacaban los bucles con los faders, como los músicos atacan y cortan notas. La voz de Lennon la pasaron por un parlante giratorio Leslie, hecho para el órgano Hammond. El joven ingeniero Geoff Emerick formuló la tarea así: cada instrumento debía sonar de otra manera que como suena ese instrumento.
En Jamaica, el estudio lo tocaba como un instrumento un técnico de reparación de radios, Osbourne Ruddock, conocido como King Tubby. En 1968 armó en Kingston su sistema de sonido, Hometown Hi-Fi, enormes bafles caseros para bailes callejeros, y fue el primero en sacar a la calle el eco y la reverberación, que hasta entonces solo existían en los estudios. En 1971 abrió un estudio pequeño en el barrio de Waterhouse y puso ahí una consola multicanal MCI.
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