Interludio. Tres diapasones
térmicaEn 1887, en la ciudad japonesa de Hamamatsu, se rompió el órgano de una escuela. El instrumento era importado, de lengüetas, y costaba en aquellos tiempos una fortuna, así que para arreglarlo llamaron a quien mejor entendía de mecánica fina en la zona, Torakusu Yamaha, un técnico que reparaba equipos médicos. La avería la encontró rápido: en el órgano se habían roto dos resortes. Mucho más tiempo pasó Yamaha mirando todo lo demás, y se fue de la escuela con la idea de que podía hacer él mismo un órgano así, y además más barato.
Dos meses después, junto con un compañero, armó el primer órgano de lengüetas japonés. Había que mostrarlo en Tokio, en el Instituto de Música, del que después saldría el principal conservatorio del país, y los dos artesanos, colgando el órgano de una vara, lo llevaron al hombro por el viejo camino de Tokaido a través de las montañas de Hakone. Unos ciento cincuenta kilómetros los hicieron a pie en tres días y solo el resto del trayecto lo hicieron en tren. En el instituto criticaron el órgano por su mala afinación. Yamaha no discutió: se quedó en Tokio y se puso a estudiar teoría musical hasta aprender a afinar de modo que su órgano siguiente ya no perdía la afinación. La empresa todavía considera ese año el de su fundación, aunque el nombre Nippon Gakki, «Fabricación Japonesa de Instrumentos Musicales», lo recibió recién diez años después. En su emblema hay hoy tres diapasones cruzados que, según explica la propia empresa, significan melodía, armonía y ritmo.
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