El sampler: para qué sintetizar un tambor si se puede robar uno de verdad
térmicaHacia 1978, en Sídney, dos ingenieros, Peter Vogel y Kim Ryrie, estaban armando un sintetizador digital y en algún momento grabaron en la memoria de su máquina un sonido corto de piano, una sola nota. Después tocaron esa grabación en el teclado más arriba y más abajo, y oyeron que a cualquier altura sonaba sorprendentemente parecida a un piano de verdad. «Eso nadie lo había hecho antes», recordaba Vogel. Para el nuevo procedimiento inventaron la palabra sampling, de sample, muestra, y en 1979 lanzaron una máquina llamada Fairlight CMI. El nombre Ryrie lo tomó de un aliscafo que pasaba frente a la casa de su abuela.
El Fairlight costaba desde quince mil libras para arriba y parecía una computadora de oficina con teclado: un monitor en el que el sonido se podía dibujar con un lápiz óptico, y siete octavas de teclas. Cualquier sonido grabado, fuera una voz, un portazo o un golpe en una cacerola, se convertía en él en un instrumento con el que se podían tocar melodías. En 1982, en la segunda versión, apareció el secuenciador Page R, en el que la parte se componía directamente en la pantalla, y el Fairlight se desparramó por los estudios caros de los ochenta. El primero en comprarlo en Gran Bretaña fue Peter Gabriel; después, Kate Bush, Stevie Wonder, Herbie Hancock y Jean-Michel Jarre.
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