Interludio. Quién es el dueño de la pista
térmicaAl amanecer, un gran festival de psytrance se ve igual en Portugal, en Tailandia y en México. Sobre la pista sale el sol, el DJ pone el set de la mañana, unas miles de personas bailan con los ojos cerrados, y desde afuera parece que toda esa construcción de escenarios, sonido, luces y entradas se levantó para la música. Para la gente de la pista es así. La plata que gira alrededor de esa noche tiene su propia lógica, y en ella la música está lejos del primer lugar.
En 1965, el escritor Ken Kesey empezó a organizar en California los «acid tests», fiestas donde tocaban los jóvenes Grateful Dead y al público se le repartía LSD, todavía legal en ese entonces. El ácido para esas fiestas lo cocinaba Augustus Owsley Stanley, un químico autodidacta que entre 1965 y 1967 hizo, según las estimaciones, unos cinco millones de dosis de LSD muy puro. El mismo Owsley, apodado Bear, trabajaba como ingeniero de sonido de Grateful Dead, grababa sus conciertos y, junto con su equipo, les armó en 1974 el «Wall of Sound», un sistema de más de seiscientos parlantes que pesaba setenta y cinco toneladas.
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