La caja de ritmos que al principio odiaron
térmicaLa primera caja de ritmos se hizo para organistas que no tenían con quién tocar. En 1959, la empresa estadounidense Wurlitzer lanzó una caja llamada Sideman, es decir, «acompañante», que con válvulas electrónicas imitaba una decena de instrumentos de percusión y sabía marcar doce ritmos preestablecidos, del vals al foxtrot, a cualquier velocidad. Tocar algo propio en ella no se podía: el músico elegía el ritmo, como se elige un programa en el lavarropas, y tocaba encima.
El ingeniero japonés Ikutaro Kakehashi nació en 1930 en Osaka, de chico perdió a sus dos padres, que murieron de tuberculosis, y se crio con sus abuelos. En 1947, a los diecisiete años, empezó a reparar relojes y radios. En sus años de estudiante él mismo se enfermó de tuberculosis y fue a parar a un sanatorio donde probaron con él un medicamento entonces nuevo, la estreptomicina. Sobrevivió, y a los veintiocho años decidió que iba a hacer instrumentos electrónicos para aficionados que no habían estudiado música y no podían pagar instrumentos caros.
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