Interludio. La música que no se escucha
térmicaThaddeus Cahill soñaba con vender música por cable, como el gas y el agua, y se fundió porque su máquina de doscientas toneladas se metía en las conversaciones telefónicas ajenas. Quince años después, ese mismo sueño lo hizo realidad un general. George Owen Squier, jefe del Cuerpo de Señales del Ejército de Estados Unidos, había inventado ya en 1910 cómo mandar por una sola línea telefónica varias señales a la vez, y en 1922 fundó una empresa que les transmitía música a sus suscriptores por cables eléctricos. En 1934 le cambió el nombre, pegando la palabra music con el nombre de la marca de cámaras de fotos más de moda entonces, Kodak. Así salió la palabra Muzak. Squier murió esa misma primavera y no llegó a ver 1936, cuando los primeros clientes oyeron Muzak en sus oficinas.
La música por cable estaba destinada a gente que no la escucha. De los años cincuenta a los ochenta, Muzak les vendía a oficinas y fábricas un programa construido según una escala a la que en la empresa llamaban progresión de estímulos. Durante quince minutos sonaba música que de a poco se aceleraba y subía de volumen para apurar el trabajo, y después venían quince minutos de silencio para que el oído no se cansara. Muzak sonó en la Casa Blanca con Eisenhower y Johnson y, según algunas fuentes, en los programas espaciales de la NASA, y en inglés su nombre se volvió común para cualquier música de fondo. En todas partes la llamaban música de ascensor, aunque a los ascensores la empresa no les proveía nada.
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