MIDI. El protocolo que sobrevivió a casi todo
térmicaYo tenía un disquete, y en el disquete unas cuantas decenas de canciones, y cada una pesaba unos pocos kilobytes, menos que una foto de mala calidad. Sin embargo, en cada una cabía un conjunto entero, con batería, bajo, teclados y cuerdas, y a veces además con vientos. Esos disquetes se los llevaba a músicos callejeros que tenían teclados Yamaha de esos que tocan solos, con disquetera y compatibilidad con el estándar XG. El músico metía el disquete y elegía la canción, y el instrumento empezaba a tocar por toda la banda, y a la persona le quedaba cantar encima o llevar la melodía con la mano derecha. Para los transeúntes de la esquina tocaba una pequeña orquesta en la que no había un solo músico.
En el disquete, sin embargo, no había nada de música. Había archivos MIDI, y MIDI no guarda sonido. En él está escrita una instrucción: en tal momento apretar tal tecla con tal fuerza, sostenerla tanto tiempo, soltarla, en tal instrumento. El sonido lo armaba a partir de esa instrucción el propio teclado Yamaha, con sus instrumentos incorporados, y por eso el archivo pesaba mil veces menos que una canción grabada de la misma duración.
Este capítulo está en el libro completo
El prólogo y los tres primeros capítulos están abiertos. El resto del libro, 44 partes más con ilustraciones, en cuatro idiomas, se abre con un solo pago. Para siempre.
Primero inicia sesión: el libro queda ligado a tu cuenta INITE y se abre en cualquier dispositivo.