TB-303. El bajista fallido que inventó el acid
térmicaEn 1981, Roland lanzó otra máquina bajo la supervisión del mismo Tadao Kikumoto. Se llamaba TB-303 Bass Line, costaba trescientos noventa y cinco dólares y se vendía como máquina de bajo computarizada: un guitarrista que no tenía bajista podía programar en ella una parte de bajo y ensayar o tocar con ella. Adentro había un solo generador, que daba una sierra o una cuadrada, un filtro resonante, una envolvente simple y un pequeño secuenciador de dieciséis pasos. Tenía también dos funciones modestas: accent, que hacía una nota puntual más fuerte y más brillante, y slide, que arrastraba suavemente la altura de una nota a otra.
La 303 se parecía a un bajo eléctrico más o menos tanto como la 808 a un baterista de carne y hueso. El sonido salía chillón, gomoso, con un característico graznido del filtro, y los guitarristas para los que se había pensado la máquina se desilusionaron rápido. Programarla era incómodo, las notas y las duraciones se ingresaban por separado, y confundirse era facilísimo. En 1984, Roland sacó la 303 de producción, y las máquinas, como las 808, terminaron en las tiendas de segunda mano a precio de liquidación.
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