El prompt se vuelve interfaz musical
térmicaSi se ponen en fila las maneras en que, a lo largo de sesenta años, el ser humano le explicó a la máquina qué música quería, sale una escalera de cinco escalones.
En 1965, un músico está frente al armario de Moog y enchufa un cable de la salida de un generador en la entrada de un filtro. Para obtener un sonido tiene que entender qué es un generador, qué hace un filtro y por dónde corre la tensión, y a cambio de ese conocimiento recibe precisión: la perilla de frecuencia de corte gira un milímetro, y el sonido cambia exactamente un milímetro. En 1983, un músico enciende un DX7 y aprieta el botón con el número de un preset. Puede no saber nada de modulación de frecuencia: la máquina le da un E. PIANO 1 listo, y para hacer un sonido propio va a tener que recorrer menús en una pantallita con números. En 2005 está frente a una notebook y arrastra con el mouse la perilla dibujada de un plugin que tiene adentro un estudio entero. En 2012, un live coder en un algorave escribe la línea «cuatro golpes de bombo por compás», y cada símbolo en ella significa exactamente un sonido en exactamente un lugar. En 2025, una persona tipea en una ventanita: «synthwave oscuro, 110 golpes por minuto, bajo saturado, voz femenina», y un minuto después escucha una canción terminada.
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El prólogo y los tres primeros capítulos están abiertos. El resto del libro, 44 partes más con ilustraciones, en cuatro idiomas, se abre con un solo pago. Para siempre.
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